martes, octubre 30, 2007

APUNTES PARA ESPANTAR MOSCAS


“La Estética es algo organizado alrededor de un vacío”
(Jacques Lacan)




- ¿Se puede vivir en el desamor, solamente en el desamor?
- Toda la vida.
- No, no. Digo, si se puede vivir toda la vida, ¡toda!, en el desamor.
- Joven, todo es desamor, y de vez en cuando algunos destellos.



Dios no existe, no. Decir eso es un equívoco: Dios Es. Ya, pero ¿qué es? Eso no se pregunta y menos se responde: acostúmbrese a vivir en el silencio aunque viva en las palabras.



La pregunta del millón de euros: ¿cómo hacía Kafka para preguntarse, con todo el peso del existencialismo y el sufrimiento encima, por lo buenas que se veían sus pantorrillas, o por lo buenos que se veían sus bíceps, y lo mal que se veían sus pectorales..?



Ella es capaz de quedarse prendida de la mirada de los animales, es capaz de quedarse contemplando, embelezada, la cara de bobalicón de uno de los animales. Entonces: ¿cómo hace para ver, como si viera llover, o para no ver, al hombre que está embelezado por ella y que también tiene cara de bobalicón..?



Se esforzó, lo sabemos, se esforzó, y a veces, se lo reconocen. Algunos en sordina, a escondidas, le dicen lo bueno que puede llegar a ser en las cosas que hace. Lo saben pero nadie se lo grita. ¿Por qué?: le falta la billetera llena, no puede ser tan bueno.



La atmósfera en que vive está cargada, lo fraternal por uno de sus lados lo constriñe, lo mata, lo odia, y gratis, y todo se va poniendo a oscuras, entonces se encierra en su cuarto, y piensa. Piensa y vive rodeado de caracteres, de letras. Pero no sabe cuál es su alfabeto.



Parafraseo: lo más importante de todo es recordar, saber quién soy. Recordar quién se supone que soy. No es un juego. Nada está claro. A ver: ¿quién eres tú? Y si crees que lo sabes, por qué mientes. No tengo ninguna respuesta. Puedo decir esto: escúchame, mi nombre es ***** *****. Ese no es mi verdadero nombre.



“Qué alegría vivir en los pronombres”



“Pero joven comprenda, sus pretensiones son desmesuradas:
el dolor es lo único que es”

lunes, octubre 15, 2007

Día de acción del blog

CASA TOMADA

Una familia tiene una enorme casa, una casa límpida, una casa donde puede vivir feliz. Pero es una familia pobre, y le cuesta mantener la casa. La casa no solo es enorme sino que dentro de ella hay riqueza, riqueza que la familia, por su pobreza, no puede explotar. Un día llega un grupo de gente a la casa. La gente le ofrece al jefe de familia encargarse de la casa. No tendrán que hacer nada, todo será en beneficio suyo, suena a que les pintan el paraíso. La familia vive mirando lo que la gente nueva hace, metida en la casa. La economía de la familia mejora, ya no pueden salir a caminar libremente por su casa, pero la economía mejora. Después de tiempo la gente nueva comienza a apoderarse de la misma casa, así que a la familia no le queda más remedio que agazaparse en un cuarto, relegada, pero la economía mejora. La mayor de la familia, una anciana que se dedicaba a cuidar el huerto ya no tiene nada que hacer, el huerto ha desaparecido maltratado por las enormes máquinas que, día a día, invaden la casa. La anciana ya no sonríe pero la economía mejora. La familia no tiene la libertad para moverse por su propia casa como antes, está ocupada por la gente nueva, la familia ya no es tan unida, unos quieren que le gente nueva se quede y otros que se vayan, ya nadie está de acuerdo. Solo algunos en la familia piensan que la pasan bien, la gente nueva los atiende, les da su “lugar”, los saca a pasear de vez en cuando, y les repiten a cada rato que cada día que pasa su casa mejora, y que ellos, los cabeza de familia, son más dueños de ella. La familia ha comenzado a enfermarse, la gente nueva ha traído consigo un aire irrespirable que contamina la casa, y también la familia. La economía mejora pero nadie lo siente, no lo ven, siguen viviendo tan pobres como antes, solo la fachada de la casa se ve bien, por adentro la casa se ha vuelto inhabitable, a las justas se puede respirar, la gente nueva ya está acabando de explotar todo lo que había en la casa, pronto acabaran con todo y se irán, y la casa ya no será la misma nunca más, la casa está tomada.

viernes, septiembre 28, 2007

SINGLADURAS

Debería vivir solo, eso es lo que he debido de hacer hace tiempo. Causas: la dejadez y el bolsillo siempre vacío, pero dejémoslo en la dejadez. Entonces, tendría quizá la libertad, libertad tantas veces autonegada. Una libertad que me permitiría volar, volar entre libros y papeles, o entre el ordenador y papeles. Libertad que me permitiría vivir más, leer más, escribir más, y quizá hasta parecerme un poco a mi, o a ese otro que soy yo.

Debería de una vez por todas restregarles en la cara a todos los “besa manos” los adjetivos que se merecen. No debería perdonar tan fácilmente algo que me molesta tanto, y más aún si esas personas tienen algo en ellos que yo aprecio. Pero, todavía aún más, debería restregarles en la cara los adjetivos hiperbolizados que se merecen a aquellas personas cuyo fin en la vida es hacer algo para que otros les besen las manos. Entre paréntesis, los adjetivos que imagino son, todos, nonc sanctos.

Debería participar en el devenir político más activamente. En lo bueno de la política, claro. Aunque de alguna manera lo hago, debería salir más de vez en vez de mi "torre de marfil”. Debería enlistarme y hacerle frente a lo que hace de este mundo un mundo ingrato. Debería hacer más para evitar que las diferencias de equidad se acrecienten; hacer algo para que seamos más tolerantes a la heterogenia.

Debería volver a vivir con mis amigos la amistad compartida, deberíamos soñar de nuevo juntos. Andar por el mundo preguntándonos y respondiéndonos, y hacer menos cosas, sin más ni más, para lograr, ya escindidos, ya separados; eso que el mundo llama éxito y que suena a vacuo y que te vacía el alma.

Debería leer más, leer mejor. Tener ganas, nuevamente, de atrapar el mundo, que entre paréntesis no tiene nada que ver con el éxito que impone el mercado. Debería suspender lo Otro, para ser yo, o mi otro yo, el innominado (in)vidente.

Debería enamorarme de nuevo con la misma intensidad, de una buena vez, es decir, debería enamorarme más, o algo parecido. Debería ilusionarme de nuevo y de nuevo querer entregarlo todo. Entre paréntesis, quizá lo que deba hacer es dejar de enamorarme.

Debería dejarme amaestrar. No, eso no. Eso no me lo permito.

lunes, septiembre 10, 2007

LA COJUDEZ INMARCESIBLE

Mirando atentamente, una, dos y hasta tres veces; después de recordar a Marco Aurelio Denegri y su idea de la cojudogenia, enfermedad que sufrimos los peruanos, se me vinieron algunas reflexiones. Haré, aquí, a vuelo de pájaro, algunas disecciones sobre las últimas cojudeces que se presentaron en nuestro devenir nacional:

Pisco 7.9.: Que tal concha, comenzaré. A Rafaelito no se le murió nadie en el terremoto, entonces, puede tomarse la prerrogativa de hacer con el sufrimiento de los demás lo que se le venga en gana. Como a él no se le destruyó su casita, entonces, puede agradecer la ayuda brindada, la de los “buena gente” de sus amigos extranjeros, brindando con pisco peruano. Y como la ayuda fue para el Sur, y ahí se produce el buen pisco nuestro, entonces, no tuvo mejor idea que bautizarla con los grados con los que fueron devastadas las ciudades. Brinda el siútico, en agradecimiento por ayudar a revivir su chacra, como si este país fuera una de sus haciendas. Criollazo, el concha; y claro, para el hombre que habla del amor al prójimo, un carajo el sufrimiento de la gente.


Laura Bozzo: A esta señorona con pinta de pituca mal educada, no se le ocurrió mejor idea que llevar ayuda a los damnificados del Sur, y de paso llevó, también, sus propios damnificados. Experta en lo mediático como es (consciente de que los que sufrieron el daño no están para teatros falsos) para darle mayor dramatismo a su ayuda, para subir, a como de lugar, su desastrosa imagen llevó sus actores (des)profesionales. Patética imagen de un país que lo puede soportar todo, pero que ya quiere dejar de soportar personas como Laura Bozzo. Que siga trabajando en el extranjero, que trabaje con personajes del extranjero, y que se quede por allá: ¡por favor!


Alan García: “Los que tienen miedo que se vayan” les espetó en la cara nuestro presidente, dando cuenta al Perú entero que le faltaba su ración de litio, a rescatistas voluntarios de España que habían venido a prestarnos ayuda. Con el gamonalismo que no lo deja, despreció y trató mal a personas cuyo único objetivo era ayudar sin esperar nada a cambio. Y todo esto porque los españoles pidieron protección, ya que habían sufrido la agresión de algunos bándalos que saqueaban la ciudad. Que falta de prosapia, presidente.

SUTEP: Retrocedamos al momento en que nuestros maestros peruanos fueron evaluados en sus capacidades de enseñanza. Les tomaron su examen, sencillísimo, como después se supo, y los malos profesores (no todos son malos, soy testigo fidedigno: vengo de una familia de profesores que han ayudado a cultivarse a varias generaciones, y cada saludo, y cada agradecimiento que sus alumnos, ya formados, les brindan, acrecientan mi alicaído orgullo) no tuvieron mejor idea que salir a las calles a protestar en un castellano procaz y patético, en vez de ponerse a estudiar. Lean, para decirlo con mayor intensidad, lean carajo. Y a ver si, por fin, se dedican a lo suyo: a enseñar, a educar.


Fujimori: ¡Silencio!

miércoles, agosto 22, 2007

RÉPLICA

Escribo esto a manera de remezón personal y colectivo. Un remezón que nos trae la muerte que siempre que aparece es ineludible, aparte de inexpugnable. A casi una semana de luto por la tragedia que nos toco vivir no puedo dejar de temblar. La humanidad, esa vasta reina del mundo, reina supuesta, se vio vulnerada una vez más por la naturaleza, una naturaleza que no hace comparaciones, que no tiene jerarquías, que no tiene clase social. Pero donde pisamos, producto de nuestras políticas, siempre el más golpeado es el pobre, y aquí no hay vuelta que darle.
La preguntas comunes por estos días son: ¿sentiste el terremoto?, ¿dónde te agarró el terremoto? Y para llevar razón yo tendría que responder, primero, que sentí el terremoto un día y medio después del suceso; sí, un día y medio después cuando pude ver las imágenes desgarradoras que nos presentaba la televisión: el sur destruido, acabado, convertido en un páramo de gente casi fantasmal, o de almas en pena. Y, segundo, tendría que decir que el terremoto me cogió en el alma, sí, en lo más profundo del alma: no podía, supongo que no se puede, dejar de sentir dolor, miedo, angustia, junto a aquellos que estaban dentro del televisor y que yo sentía tan cercanos.
No puedo, no podemos dejar de identificarnos. En una de las primeras imágenes se nos presentó a una niña recostada en una pared al costado del cadáver de su padre, la niña en silencio, lo único que hacía, lo único que podía hacer era llorar . En otra, una madre clamando por el hijo muerto, “era todo lo que tenía señorita, lo único que tenía señorita, no sé mi casa señorita, qué será mi casa señorita, esto era lo único que tenía”, repetía frente a las cámaras de televisión, mirando de vez en vez a su hijo. Ahora mientras escribo y recuerdo estas imágenes me retumba una frase de nuestro poeta: “Tanto amor y no poder nada contra la muerte…”.
En otra imagen que no puedo dejar de mirar interiormente como las demás, una familia va a enterrar a cincuenta personas, más o menos, que más da, de su propia familia, “fuimos a misa joven, una misa de un tío, y todo comenzó a temblar bien feo, joven, y ya cuando salí toda la iglesia se había caído y me acordé de mi mamá, joven, mi mamá estaba adentro y yo no pude sacarle, me tiré frente a los montones de tierra y no pude hacer nada, joven, me eché a lloras nomás joven, pida ayuda para sacar sus cuerpos, con las manos solamente no podemos”, habla un muchacho con un periodista. Y a uno el dolor se le viene encima, y otra vez, la voz de nuestro poeta: “y es que tú no tienes Marías que se van…”
Para terminar, sigamos con la voz de nuestro poeta, ahora nos toca unirnos a todos, frente a la desgracia, frente a la muerte: “Hay hermanos tanto por hacer”. Para echar a la muerte que se ha sentado en nuestra mesa, unamos nuestras manos, comamos juntos, hagamos comunidad, que es lo que significa comer juntos. ¡Ayudémonos! Entonces, el cadáver, por fin podrá: ¡“echarse a andar…”!

viernes, agosto 10, 2007

SOLITATIS

La “soledad” es sustantivo femenino y no creo que sea casualidad (digo, salvando a Saussure), es un decir. Es femenino porque suele ser, en mi caso, buena compañía, o mejor, buena compañera. He aprendido a conocerla y apreciarla, me ha acompañando largo y tendido en días desasosegados, terribles, bajoneados. Y vaya que me ha servido y hasta consolado. Con ella puedes gritar hasta destrozar tus propios tímpanos y no se queja; estoica te escucha. A ella le puedes contar mil historias, falsas o verdaderas, llenas de rencor o amor, llenas de esperanza o muerte, y tiene la capacidad de solo escuchar, y no reprocharte nada, y lo mejor es que de verdad te escucha, te presta atención, te oye.
Pero, a veces, sucede que uno ahuyenta a la soledad, ella no quiere irse, pero uno la ahuyenta o permite que otros la ahuyenten; y se va. La soledad sabe cuando irse, cuando es necesario dejarte sólo, y ahí, no hay nadie que la detenga, ella es comprensible y sabe lo que hace. Pero lo malo es que hay momentos que es necesaria y nosotros la ahuyentamos, y ahí, ahí sí que viene un despelote interno y a ver quién nos libra. La soledad solo puede ser negativa cuando alguien se siente sólo estando acompañando. La soledad es la voz de uno acallada, es un grito silencioso, sincero y, claro, menos mediático. A la soledad hay que arruyarla, y también hay que saber vivir sin ella.

Pero sobre todo la Soledad tiene una finalidad, una de las más apreciadas: la Soledad te ayuda a olvidarlo todo para recordarlo para siempre…

jueves, agosto 02, 2007

RESACA DE FIESTAS PATRIAS

Las naciones son comunidades imaginadas (ya lo ha explicado, y bien, Benedict Anderson). El Perú es una nación representada en una imagen que no es verdadera. Los peruanos no somos lo que decimos que somos y mucho menos lo que hacemos. Detentamos una república democrática y hemos vivido la mayor parte sumergidos en dictaduras. En un país en el que conviven diferentes culturas, lo que menos aceptamos es la diferencia. Pero igual, festejamos con pompas a nuestra patria. Lo que deberíamos hacer es comenzar a repensar nuestro país.
El mensaje de la nación de nuestro presidente comenzó con un “mea culpa”, y terminó con una lista soporífera e interminable de “logros” que no se sienten, al menos, en la mayoría de los peruanos. Otra vez, una representación falsa, venida de las más altas esferas del poder. Nos enorgullecemos de nuestro arte culinario, pero olvidamos que la mitad de la población vive, literalmente, a pan y agua. El poder político-militar se mostró en un desfile cuyo único logro fue malograr la pista de una transitada avenida que costará, para repararla, al erario público la suma de 350 mil soles.
Es bueno dar razón de las alegrías, pero es mejor comprometerse en la esperanza. Hay que repensar la nación no solo económicamente, sino culturalmente. En un país fundamentalmente heterogéneo tenemos que aprender a respetar las diferencias. El otro, el próximo, el prójimo debe ser, en principio, nuestra patria. No nos abstraigamos tanto, pisemos tierra, defendamos y amemos nuestra tierra en nuestros semejantes…

Si la patria es la "tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”, como señala el DRAE: mi patria mi familia, mi patria mis amigos...